No lo entiendes. No quieres entenderlo.
No se trata de blancos y negros ni de izquierda o derecha. Me dan igual nuestros contrastes o que seamos dos rectas paralelas. Importas. ¿Acaso es necesario algo más?
Ambos sabemos que este no es el motivo, que los silencios son incomodos porque existe inseguridad y que los roces son frecuentes porque existe inseguridad. Hubiese sido tan simple que me mirases a la cara con sinceridad y me dijeses que estabas harto de mí, que no soportabas mi lloriqueo, ni mi paranoia, ni mi apego. Tan sólo negabas con la cabeza y me decías que todo estaba bien, pero no lo estaba, y lo sabes, no solo que yo sea paranoica o que tú seas más frío, antes te disculpabas cuando estabas borde y te preocupabas cuando nos peleabamos, incluso a veces eras cariñoso y sobre todo dejabas que yo lo fuera. Sé que te importo, que todavía lo hago. Pero yo no es igual, no sé que pasó pero un día decidiste que era suficiente, que ya había entrado demasiado en tu vida.
Y no me extraña, yo tampoco querría soportarme. No sé como me aguantaste tanto. Sin embargo, durante tanto tiempo me pensé grande, enorme... especial, supongo. Se me hace duro ahora continuar caminando sobre mi realidad tejida de autoengaño y prepotencia, no soy nada, y nunca quise asumirlo, no soy especial, ni rara, ni unica, ni siquiera interesante, soy otra gota de agua más, igual que las demás, mi nombre nunca aparecerá en un libro de texto ni se recordará en el tiempo, y nadie repetirá nunca mis palabras ni tarareara mis melodías. Mi camino a la gloria siempre estuvo condenado al fracaso, nunca tuve la capacidad de trascender mi alrededor, ni la tendré. Supongo que la felicidad consiste en parte en esto, en asumir tu mierda de función en la vida, en darte cuenta de que eres una más e intentar por lo menos no cagarla en la pobre responsabilidad que se te ha asignado, y los actos heroicos quedan para los heroes. Todos buscamos siempre sentirnos parte del mundo, sentirnos integrados, y a la vez, distinguirnos, ser especiales y unicos. Yo supongo que hice malas elecciones o sencillamente tengo lo que me merecía, pero ni soy parte de este mundo, ni estoy integrada y encima no tengo nada que me haga diferente. Otra mierda de cabecita empeñada en creerse única. Ahora sí, doy pena.
Pero supongo que algo he aprendido de esto, me he visto como lo que soy y tal vez cuando lo haya asumido pueda encontrar un lugar en este mundo y mirarme al espejo sin darme asco, como ahora.
Yo habría hecho lo mismo en tu lugar, seguramente antes. Sin embargo, siempre me preguntaré porqué, ¿qué cambió de pronto? ¿Por qué fue todo tan brusco? Pero parece que no, que fue todo cosa mía, que yo sola inventé fantasmas e historias de miedo. Siendo así, no consigo explicarme porqué estamos así si me dan igual los blancos y los negros, los puntos cardinales o el menu del día. Importas, todavía importas.
Me pregunto de verdad cómo hice para torcerlo todo en mi contra.
Yo misma me estoy demostrando lo patetica que soy.
Pero sobreviviré, de alguna manera, supongo.
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01 diciembre 2007
09 noviembre 2007
Carta de amor destrozado
Aquí estoy. Luchando, pataleando y jadeando.
Tengo la sensación de que las cosas no deberían de estar así, esto no es lo que yo debía ser, y este no es el lugar al que quería llegar, todo sale mal a veces, rematadamente mal, y aunque tomemos las decisiones correctas hay cosas que no se pueden solucionar. Además, ¿cuándo es una decisión correcta? Es tan débil la linea que separa el exito del fracaso.
A veces creo que estoy destinado a fracasar siempre, a revolverme en el fango, y no es mala suerte, no es el jodido destino o cualquier excusa similar. Soy yo. Lo sé. Y eso me destroza por dentro. Sé que soy yo el que siempre ha jodido su propia vida, y si las cosas me salen mal, tengo que asumir que es culpa mia, una vez más, me tengo que comer mi mierda a sabiendas de que yo mismo me la he servido en el plato. No creo que exista bocado más amargo. Tardé, pero ya sé a que sabe la mierda, la mierda tiene sabor amargo, como el café. Esta claro que el marrón es un color amargo.
Y voy perdiendo las ganas de navegar en este estercolero, ya hace tiempo que te fuiste, ya hace tiempo que te dejé marchar, el mismo tiempo que hace que me pregunto porqué lo permití.
Soy consciente de que no tengo derecho a pedirte nada, soy consciente de que es tarde, de que lo jodí todo, de que tuve mi oportunidad, soy consciente de que contigo tambien me he sembrado mi propia mierda.
Pero me cuesta obviar el hecho de que estoy carcomido por dentro tanto como que todas las mañanas te sueño besándome y acariciándome la espalda.
Tengo la sensación de que las cosas no deberían de estar así, esto no es lo que yo debía ser, y este no es el lugar al que quería llegar, todo sale mal a veces, rematadamente mal, y aunque tomemos las decisiones correctas hay cosas que no se pueden solucionar. Además, ¿cuándo es una decisión correcta? Es tan débil la linea que separa el exito del fracaso.
A veces creo que estoy destinado a fracasar siempre, a revolverme en el fango, y no es mala suerte, no es el jodido destino o cualquier excusa similar. Soy yo. Lo sé. Y eso me destroza por dentro. Sé que soy yo el que siempre ha jodido su propia vida, y si las cosas me salen mal, tengo que asumir que es culpa mia, una vez más, me tengo que comer mi mierda a sabiendas de que yo mismo me la he servido en el plato. No creo que exista bocado más amargo. Tardé, pero ya sé a que sabe la mierda, la mierda tiene sabor amargo, como el café. Esta claro que el marrón es un color amargo.
Y voy perdiendo las ganas de navegar en este estercolero, ya hace tiempo que te fuiste, ya hace tiempo que te dejé marchar, el mismo tiempo que hace que me pregunto porqué lo permití.
Soy consciente de que no tengo derecho a pedirte nada, soy consciente de que es tarde, de que lo jodí todo, de que tuve mi oportunidad, soy consciente de que contigo tambien me he sembrado mi propia mierda.
Pero me cuesta obviar el hecho de que estoy carcomido por dentro tanto como que todas las mañanas te sueño besándome y acariciándome la espalda.
27 abril 2007
Carta de amor para Lucía
Vuela esta carta para tí, Lucía. El viento correoso te la llevará, para eso lo soborné.
Seguramente, cuando leas esto quedarán apenas unos días para que yo deje la lejanía y te cante esa canción de Serrat, sin voz, con sólo mirarte. Sin embargo, esos días todavía se ven ligeramente lejanos hoy, que mi mano escribe esto.
Las ganas de que llegue el momento de volver no dejan de oprimirme el pecho, me sorprendo a mí mismo en todo momento soñando el momento de mi vuelta, de nuestro reencuentro y de la posterior huida de este mundo, contigo, sin mover los pies.
No quisiera desvelarte más, cuando te apriete entre mis brazos te desvelaré al oído todas mis ensoñaciones, y entonces, sé que me oirás, sonreirás, y ya habremos volado lejos.
Vuela esta carta para tí, Lucía, brevemente cubierta de palabras e infinitamente llena de tí.
Seguramente, cuando leas esto quedarán apenas unos días para que yo deje la lejanía y te cante esa canción de Serrat, sin voz, con sólo mirarte. Sin embargo, esos días todavía se ven ligeramente lejanos hoy, que mi mano escribe esto.
Las ganas de que llegue el momento de volver no dejan de oprimirme el pecho, me sorprendo a mí mismo en todo momento soñando el momento de mi vuelta, de nuestro reencuentro y de la posterior huida de este mundo, contigo, sin mover los pies.
No quisiera desvelarte más, cuando te apriete entre mis brazos te desvelaré al oído todas mis ensoñaciones, y entonces, sé que me oirás, sonreirás, y ya habremos volado lejos.
Vuela esta carta para tí, Lucía, brevemente cubierta de palabras e infinitamente llena de tí.
20 abril 2007
Carta de amor escurridizo
Siento marcharme así. Siento no haber despertado esta mañana junto a tí. Siento ser tan cobarde. Siento tantas cosas... Pero tenía que marcharme, no podía hacer otra cosa, no podía quedarme, me sentía ahogado.
Sé que te prometí muchas cosas, se que las estoy incumpliendo todas marchándome, dejarte tirada nunca fue una de mis promesas, pero te aseguro que jamás fue tampoco mi intención. Pero tienes que entenderme, tienes que intentarlo. Sé que es difícil, a decir verdad, a mí mismo me cuesta entenderme. No sé porqué he decidido esto, se me ocurren cientos de motivos para no hacerlo, y alguno para hacerlo, la cuestión es que dentro de mí, necesitaba hacerlo, necesitaba marcharme, senti una gran opresión en el pecho, como una advertencia, una premonición. Creo que la vida a veces nos manda mensajes, para que rectifiquemos. Casi nunca lo hacemos, somos cabezones, por naturaleza. Yo hoy he hecho caso a ese mensaje, y quiero estar convencido de que estoy haciendo lo correcto.
Nunca me he llevado bien con el compromiso, ya lo sabes, nunca me he comprometido, ni siquiera conmigo mismo. Esta última semana, por primera vez, he sentido compromiso en mi vida, y he tenido ganas de asumirlo. Pero esta mañana me he sentido impotente, probablemente es porque no me he sentido preparado, siempre pensé que lo estaba, que cuando quisiera, me comprometería. No es así.
Me tiembla la mano mientras escribo esto, mis palabras son inseguras y mi letra temblorosa. Y también tiemblo de pensar que en cualquier momento puedes despertarte, encontrarme, mirarme... y que vuelva la confusión a mi cabeza, a mi mundo. Sé que basta una mirada y una palabra tuya para que se tambalee toda mi determinación, por eso quiero despedirme así, por eso no me atrevo a entrar en la habitación, para despedirme aunque sea de tu imagen. Puede que fuese lo mejor, que llegases ahora, me pillases, y me quedase, pero eso no lo sé, y ahora mismo he tomado esta decisión, y me cuesta mucho tomar decisiones, por eso prefiero que no vengas, que no me hagas dudar. Quizá te sirva de algo, que dudé hasta el ultimo momento, que estoy dudando ahora que escribo esto, y ahora, que tú lo lees, y puede que dude eternamente, cuando más escribo más dudo, no me atrevo a despegarme.
Mejor lo dejo aquí. Por favor, no me llames. Por favor, procura entenderme tú, ya que yo no me entiendo. Por favor, no dejes que yo esclavice tus sueños.
Sé que te prometí muchas cosas, se que las estoy incumpliendo todas marchándome, dejarte tirada nunca fue una de mis promesas, pero te aseguro que jamás fue tampoco mi intención. Pero tienes que entenderme, tienes que intentarlo. Sé que es difícil, a decir verdad, a mí mismo me cuesta entenderme. No sé porqué he decidido esto, se me ocurren cientos de motivos para no hacerlo, y alguno para hacerlo, la cuestión es que dentro de mí, necesitaba hacerlo, necesitaba marcharme, senti una gran opresión en el pecho, como una advertencia, una premonición. Creo que la vida a veces nos manda mensajes, para que rectifiquemos. Casi nunca lo hacemos, somos cabezones, por naturaleza. Yo hoy he hecho caso a ese mensaje, y quiero estar convencido de que estoy haciendo lo correcto.
Nunca me he llevado bien con el compromiso, ya lo sabes, nunca me he comprometido, ni siquiera conmigo mismo. Esta última semana, por primera vez, he sentido compromiso en mi vida, y he tenido ganas de asumirlo. Pero esta mañana me he sentido impotente, probablemente es porque no me he sentido preparado, siempre pensé que lo estaba, que cuando quisiera, me comprometería. No es así.
Me tiembla la mano mientras escribo esto, mis palabras son inseguras y mi letra temblorosa. Y también tiemblo de pensar que en cualquier momento puedes despertarte, encontrarme, mirarme... y que vuelva la confusión a mi cabeza, a mi mundo. Sé que basta una mirada y una palabra tuya para que se tambalee toda mi determinación, por eso quiero despedirme así, por eso no me atrevo a entrar en la habitación, para despedirme aunque sea de tu imagen. Puede que fuese lo mejor, que llegases ahora, me pillases, y me quedase, pero eso no lo sé, y ahora mismo he tomado esta decisión, y me cuesta mucho tomar decisiones, por eso prefiero que no vengas, que no me hagas dudar. Quizá te sirva de algo, que dudé hasta el ultimo momento, que estoy dudando ahora que escribo esto, y ahora, que tú lo lees, y puede que dude eternamente, cuando más escribo más dudo, no me atrevo a despegarme.
Mejor lo dejo aquí. Por favor, no me llames. Por favor, procura entenderme tú, ya que yo no me entiendo. Por favor, no dejes que yo esclavice tus sueños.
13 abril 2007
Carta de amor improvisada
Hola cielo.
Me da miedo escribir aquí, ya sabes que nunca se me dieron bien las letras, ni las ciencias, probablemente nunca fui buena en nada, probablemente sí. Pero aunque no sirviese para nada, tú encontraste algo en mí, no sé que fue, pero lo encontraste. Me quisiste, me quieres, y me acunaste en tus brazos, me acogiste en tu mundo de colores, de sonrisas… de vida. Ahora, en la distancia del tiempo, miro atrás y recuerdo cuando eso ocurrió, cuando te acercaste a mí y me hablaste, tan calmado y pausado, eras especial, lo supe en cuanto te vi y enseguida quise saber más de ti, quise conocerte, quise quererte, sí, quise quererte, desee desde el primer día que me enamorases, no sé si es algo que ocurre a menudo, a veces el amor ocurre, sin más, otras veces se busca desesperadamente en cada cara que te cruzas en la calle, y otras sencillamente se desea, se fantasea con el amor, con las sensaciones que produce, como una fantasía sexual. Tú fuiste mi fantasía, eras aquel con el que soñaba estar enamorada y me sonreía pensando en como sería estar enamorada de ti.
No tardé en hacer realidad mi fantasía, mi amor fue rápidamente más que una realidad, fue un soplo de viento, pues mi amor por ti no era doloroso, era una compañía, nunca una carga, era feliz viviendo en mi sueño, no me preocupaba que tú sintieses lo mismo (aunque lo deseaba, por supuesto, todo el mundo quiere que amor sea correspondido), yo me sentía bien con lo que sentía, pues no veía un amor destructivo, no concebía que me hicieses daño o que no debiese estar enamorada de ti, no había remordimientos en mis sentimientos, se podría decir que la razón se encontraba en concordancia con el corazón, toda la paz que siempre has transmitido la justifica. Existías, y yo existía contigo, y todo eso bastaba, el mundo estaba bien así. Sin embargo, un día te acercaste por detrás, me tapaste los ojos y me dijiste que me querías, a mí y a mi tatuaje en el pie, que querías compartir tu vida conmigo y con el tatuaje, y que debía de ser con ambos, porque no tenías un cuchillo para cortarme el pie. Me dijiste podías sentir mi corazón latir con sólo mirarme, yo sabía que era verdad, estaba sintiendo el tuyo sin mirarte. Me tapabas los ojos porque no te sentías capaz de decírmelo mirándome a los ojos, sé que siempre te intimidaron, y siempre fuiste muy tímido, creo que te vi temblar por primera vez cuando te miré fijamente y te sonreí, note que toda tu calma desapareció, juraría que se te aceleró el pulso. Entonces yo cogí suavemente tus manos y las llevé a tapar tus ojos, no dijiste nada, sonreías, comprendiste enseguida mi respuesta, la esperabas, sino nunca te habrías atrevido a decírmelo. Entonces te destapaste los ojos y me miraste, a los ojos, y yo te dije que me abrazases, y que no dejases nunca de hacerlo.
Lo hiciste, nunca dejé de sentir tu abrazo eterno, ahora mismo lo estoy sintiendo.
Un día viendo una película te pregunté si creías que yo hubiese sido una buena reina, recuerdo que me dijiste que nunca podría haber sido siquiera princesa porque tenía los pies demasiado grandes para que me entrasen los zapatitos de palacio. Tenías razón, era demasiado soñadora para calzarme un reino de responsabilidades.
Sin embargo, soy una princesa, a la que los domingos le traen el desayuno a la cama y que todos los días se duerme con un beso bailando en sus labios, una princesa de pies grandes y pintarrajeados.
Espero que no te haya asustado esta carta encima de la mesa, sé que estas cosas se suelen hacer para acabar con una relación, en esas cartas se dice que quieres acabar con lo mejor que te ha pasado en la vida, siempre se dice lo mismo. Pero esta no es una de esas, sólo me he levantado esta mañana y fuera hacía uno de los días más grises que recuerdo, y llovía, llovía desagradablemente, sin embargo, me he dado la vuelta en la cama y al verte he necesitado escribirte esto, llámame ñoña, cursi o lo quieras, llámame cobarde también, pero igual que tú me cuesta decirte que te quiero mirándote a los ojos, pues tus ojos también me imponen. Y tranquilo, que hoy no es ni nuestro aniversario ni ninguna otra fecha que hayas olvidado, sencillamente quería escribirte, que parece que a veces necesitamos automatizar también nuestro afecto según nos dicte el calendario.
Volveré a las ocho para cenar.
Te quiero.
Me da miedo escribir aquí, ya sabes que nunca se me dieron bien las letras, ni las ciencias, probablemente nunca fui buena en nada, probablemente sí. Pero aunque no sirviese para nada, tú encontraste algo en mí, no sé que fue, pero lo encontraste. Me quisiste, me quieres, y me acunaste en tus brazos, me acogiste en tu mundo de colores, de sonrisas… de vida. Ahora, en la distancia del tiempo, miro atrás y recuerdo cuando eso ocurrió, cuando te acercaste a mí y me hablaste, tan calmado y pausado, eras especial, lo supe en cuanto te vi y enseguida quise saber más de ti, quise conocerte, quise quererte, sí, quise quererte, desee desde el primer día que me enamorases, no sé si es algo que ocurre a menudo, a veces el amor ocurre, sin más, otras veces se busca desesperadamente en cada cara que te cruzas en la calle, y otras sencillamente se desea, se fantasea con el amor, con las sensaciones que produce, como una fantasía sexual. Tú fuiste mi fantasía, eras aquel con el que soñaba estar enamorada y me sonreía pensando en como sería estar enamorada de ti.
No tardé en hacer realidad mi fantasía, mi amor fue rápidamente más que una realidad, fue un soplo de viento, pues mi amor por ti no era doloroso, era una compañía, nunca una carga, era feliz viviendo en mi sueño, no me preocupaba que tú sintieses lo mismo (aunque lo deseaba, por supuesto, todo el mundo quiere que amor sea correspondido), yo me sentía bien con lo que sentía, pues no veía un amor destructivo, no concebía que me hicieses daño o que no debiese estar enamorada de ti, no había remordimientos en mis sentimientos, se podría decir que la razón se encontraba en concordancia con el corazón, toda la paz que siempre has transmitido la justifica. Existías, y yo existía contigo, y todo eso bastaba, el mundo estaba bien así. Sin embargo, un día te acercaste por detrás, me tapaste los ojos y me dijiste que me querías, a mí y a mi tatuaje en el pie, que querías compartir tu vida conmigo y con el tatuaje, y que debía de ser con ambos, porque no tenías un cuchillo para cortarme el pie. Me dijiste podías sentir mi corazón latir con sólo mirarme, yo sabía que era verdad, estaba sintiendo el tuyo sin mirarte. Me tapabas los ojos porque no te sentías capaz de decírmelo mirándome a los ojos, sé que siempre te intimidaron, y siempre fuiste muy tímido, creo que te vi temblar por primera vez cuando te miré fijamente y te sonreí, note que toda tu calma desapareció, juraría que se te aceleró el pulso. Entonces yo cogí suavemente tus manos y las llevé a tapar tus ojos, no dijiste nada, sonreías, comprendiste enseguida mi respuesta, la esperabas, sino nunca te habrías atrevido a decírmelo. Entonces te destapaste los ojos y me miraste, a los ojos, y yo te dije que me abrazases, y que no dejases nunca de hacerlo.
Lo hiciste, nunca dejé de sentir tu abrazo eterno, ahora mismo lo estoy sintiendo.
Un día viendo una película te pregunté si creías que yo hubiese sido una buena reina, recuerdo que me dijiste que nunca podría haber sido siquiera princesa porque tenía los pies demasiado grandes para que me entrasen los zapatitos de palacio. Tenías razón, era demasiado soñadora para calzarme un reino de responsabilidades.
Sin embargo, soy una princesa, a la que los domingos le traen el desayuno a la cama y que todos los días se duerme con un beso bailando en sus labios, una princesa de pies grandes y pintarrajeados.
Espero que no te haya asustado esta carta encima de la mesa, sé que estas cosas se suelen hacer para acabar con una relación, en esas cartas se dice que quieres acabar con lo mejor que te ha pasado en la vida, siempre se dice lo mismo. Pero esta no es una de esas, sólo me he levantado esta mañana y fuera hacía uno de los días más grises que recuerdo, y llovía, llovía desagradablemente, sin embargo, me he dado la vuelta en la cama y al verte he necesitado escribirte esto, llámame ñoña, cursi o lo quieras, llámame cobarde también, pero igual que tú me cuesta decirte que te quiero mirándote a los ojos, pues tus ojos también me imponen. Y tranquilo, que hoy no es ni nuestro aniversario ni ninguna otra fecha que hayas olvidado, sencillamente quería escribirte, que parece que a veces necesitamos automatizar también nuestro afecto según nos dicte el calendario.
Volveré a las ocho para cenar.
Te quiero.
06 abril 2007
Carta de amor invernal
Saludos desde la penetrante distancia.
Aquí todo lo que hay es frío, excepto las infusiones bien calentitas y bien ricas. A la calle hay que salir cubierto por cuatro capas de ropa mínimo. Y me paso el día pegado a la estufa. El frío no se hizo para mí.
Entre tembleque y tembleque me da algo de tiempo de escribir y tocar la guitarra. Es paradójico, pero con tanta frialdad alrededor se agudiza mi inspiración. Las melodías y los versos me vienen hechos en cuanto veo nevar tras el cristal de la ventana. Tal vez mi musa sea el frío, el invierno, la nieve, o todo a la vez. No lo sé, tal vez mi musa sea la soledad, o tal vez la musa sea tu recuerdo. Realmente no tengo claro porqué, tal vez sea una combinación de todo. Prometo mandarte pronto algo, para que me pongas a parir, para que me bajes de la nube a la realidad, y ojalá que también para que me halagues un poquito y yo pueda flotar entre tus palabras de reconocimiento.
La soledad aquí es distinta. Allí, en España, la soledad es pesada, triste, y casi siempre va unida al silencio, ya sea interior o exterior. La soledad se relaciona con estar solo. Aquí no. Aquí cuando estas solo te invade la paz, es todo más tranquilo, más reposado. Y sin embargo nadie llega tarde. Es curioso. Mi soledad en este sitio no se debe a que no tenga nadie con quien hablar, se debe a que no estas tú. Faltas. Y se nota. El vacío que provoca tu ausencia es tan inmenso que me ahoga sólo la idea de plantearmelo. Pero no quiero con esto hacerte sentir mal por mí, yó fui quien decidí ir aquí, yo decidí este camino. Ahora paladeo el sabor de ciertas consecuencias. Sabía lo que me pasaría. Pero creo que nunca llegué a ser consciente de ello. La realidad siempre es más dura.
Me encantaría que me visitases algún día. No por hacer turismo, no por conocer nuevos horizontes, sé que esto no te gustaría. Sólo porque te necesito. Sé que es egoísta, sé que probablemente ya estes retomando tu vida, por tanto, espero que entiendas que no es una orden, ni una súplica, tan sólo una petición, un favor, si quieres. Te necesito aquí. Necesito saber que sentiré si vuelvo a verte, necesito sentir el calor de un abrazo (calor, añorado calor), una mirada conocida, tal vez sólo oir un poco de español. La adaptación es dura. Siento que me estoy convirtiendo en una nueva especie, antes era un español rodeado de sol y de cachondeo, y ahora soy un nórdico rodeado de frío y seriedad. Estoy mutando.
Tengo la sensación de que escribo incoherentemente. No sé porqué decidí enfrentarme al papel, y escribirte. Añorarte, verte, tocarte. Y es que siento que te estoy tocando con esta tinta. Espero no hacer daño con esto, no estoy escribiendo pensando en las consecuencias de esto, siempre he sido un poco inconsciente, ya lo sabes. La visceralidad a veces trae besos y a veces llantos.
Tendría mil cosas más que decirte, pero siento que si sigo escribiendo sólo voy a divagar alrededor de mi propio ego.
Espero que todo vaya bien por el sur. Aquí tus recuerdos revolotean por la habitación, y hoy decidí cazarlos y acurrucarlos. Espero que sepas perdonarme.
Un beso enorme y caloroso, muy caluroso.
Aquí todo lo que hay es frío, excepto las infusiones bien calentitas y bien ricas. A la calle hay que salir cubierto por cuatro capas de ropa mínimo. Y me paso el día pegado a la estufa. El frío no se hizo para mí.
Entre tembleque y tembleque me da algo de tiempo de escribir y tocar la guitarra. Es paradójico, pero con tanta frialdad alrededor se agudiza mi inspiración. Las melodías y los versos me vienen hechos en cuanto veo nevar tras el cristal de la ventana. Tal vez mi musa sea el frío, el invierno, la nieve, o todo a la vez. No lo sé, tal vez mi musa sea la soledad, o tal vez la musa sea tu recuerdo. Realmente no tengo claro porqué, tal vez sea una combinación de todo. Prometo mandarte pronto algo, para que me pongas a parir, para que me bajes de la nube a la realidad, y ojalá que también para que me halagues un poquito y yo pueda flotar entre tus palabras de reconocimiento.
La soledad aquí es distinta. Allí, en España, la soledad es pesada, triste, y casi siempre va unida al silencio, ya sea interior o exterior. La soledad se relaciona con estar solo. Aquí no. Aquí cuando estas solo te invade la paz, es todo más tranquilo, más reposado. Y sin embargo nadie llega tarde. Es curioso. Mi soledad en este sitio no se debe a que no tenga nadie con quien hablar, se debe a que no estas tú. Faltas. Y se nota. El vacío que provoca tu ausencia es tan inmenso que me ahoga sólo la idea de plantearmelo. Pero no quiero con esto hacerte sentir mal por mí, yó fui quien decidí ir aquí, yo decidí este camino. Ahora paladeo el sabor de ciertas consecuencias. Sabía lo que me pasaría. Pero creo que nunca llegué a ser consciente de ello. La realidad siempre es más dura.
Me encantaría que me visitases algún día. No por hacer turismo, no por conocer nuevos horizontes, sé que esto no te gustaría. Sólo porque te necesito. Sé que es egoísta, sé que probablemente ya estes retomando tu vida, por tanto, espero que entiendas que no es una orden, ni una súplica, tan sólo una petición, un favor, si quieres. Te necesito aquí. Necesito saber que sentiré si vuelvo a verte, necesito sentir el calor de un abrazo (calor, añorado calor), una mirada conocida, tal vez sólo oir un poco de español. La adaptación es dura. Siento que me estoy convirtiendo en una nueva especie, antes era un español rodeado de sol y de cachondeo, y ahora soy un nórdico rodeado de frío y seriedad. Estoy mutando.
Tengo la sensación de que escribo incoherentemente. No sé porqué decidí enfrentarme al papel, y escribirte. Añorarte, verte, tocarte. Y es que siento que te estoy tocando con esta tinta. Espero no hacer daño con esto, no estoy escribiendo pensando en las consecuencias de esto, siempre he sido un poco inconsciente, ya lo sabes. La visceralidad a veces trae besos y a veces llantos.
Tendría mil cosas más que decirte, pero siento que si sigo escribiendo sólo voy a divagar alrededor de mi propio ego.
Espero que todo vaya bien por el sur. Aquí tus recuerdos revolotean por la habitación, y hoy decidí cazarlos y acurrucarlos. Espero que sepas perdonarme.
Un beso enorme y caloroso, muy caluroso.
30 marzo 2007
Nota de amor verdadero
"Te he preparado el traje con la corbata azul mientras repasabas el proyecto, están encima de la silla, probablemente ya lo hayas visto. Le he pasado el trapo a los zapatos que estaban un poco llenos de polvo. Procura no llegar tarde a la entrevista, que si llegas antes y te tienen más tiempo esperando se sienten mejor. Por favor, controla tus nervios, y ponte la corbata, que te queda muy bien. Volveré por la noche. Un beso"
17 octubre 2006
Carta
Aloha, ma chére.
Seguro que aún estás sorprendida por ver una carta mía en tu buzón, no me extraña, yo mismo estoy sorprendido de estar escribiéndola. Eso sí, espero que no te sorprenda ver una carta en tu buzón, sería una señal magnífica. Ya nadie escribe cartas, sólo Telefónica y el Círculo de lectores. Los buzones sólo nos traen malas noticias o información que no nos interesa, tal vez los grandes empresarios sean los últimos románticos que quedan, pero está claro que no es romanticismo el que queremos.
Tal vez sea por eso por lo que te escribo esto, para que en tu buzón haya de pronto algo más que una factura o publicidad (aunque deseo fervientemente que no sea así). Ayer estuve leyendo viejas cartas, TODAS las viejas cartas que tenía guardadas todas juntitas y llenas de polvo, y lo cierto es que no pude contener la emoción. Entre ellas había cartas tuyas, la mayoría, siempre te gustaron las cartas. Sin embargo yo no te mandé todas las que hubiera querido, supongo que estaba ocupado con mil historias. Con el tiempo te das cuenta de que las cosas importantes son cosas más sencillas, como una carta.
Se me hace raro escribirte así, hace apenas una hora he hablado contigo por teléfono y sé que te va bien, sé lo que pasó con tu padre hace nada y que ya está mejor, y ya te he podido decir lo mucho que me alegra. También te he oído reír, siempre te has reído con mis chistes, nunca lo he entendido pero siempre me ha encantado.
Igualmente sé que sabes como me va a mí, mantenemos el contacto, como los buenos amigos. Así que supongo que la cuestión es si esta carta es necesaria, para qué sirve o si tiene sentido. La verdad es que para mí lo tiene, y es que se ha perdido la buena costumbre de mandar cartas (y tú lo sabes bien, siempre mandando cartas y recibiendo nada como respuesta), pero no cartas para confirmar si se está bien o para contar los últimos avances de una vida, para eso están los móviles, siempre es mejor oírse y conversar; o los e-mails, tan cómodos y directos. Las cartas han perdido su valor comunicativo, yo creo que su valor es otro, es un valor pasional y posesivo, un valor mágico. En una carta puedes ver la letra de quien te la escribe, puedes ver como empieza con mucha energía, haciendo una caligrafía perfecta, y luego va acelerándose, entendiéndose todo un poco peor, y te sonríes. A veces hay dibujitos en los laterales, o varios colores, o frases y el papel es un cuadro de palabras y otras veces todo está alineado y con la misma cadencia, perfecto y cuidado. Y a veces hasta hay manchas de las lágrimas que se derramaron al escribir, y trozos de texto con la letra menos intensa, porque el bolígrafo se quedaba sin tinta.
Cuando recibes una carta recibes además un trozo de la otra persona, y puedes palpar el mismo papel que ésta ha palpado y a veces hasta hay restos de su olor, y guardas el sobre en un cajón (secreto) donde guardas todos los tesoros y relees todo a veces, y dejas que te invada la melancolía, y ríes con las cosas que te contaban y recuerdas, y también te emocionas. Antes, leías sus viejos estados de ánimo y te preguntabas como estaría ahora. Pero esas cosas ya no se cuentan, las cartas son melancolía pura. Son recuerdos, no son actualidad. Al final, las cartas tratan los temas importantes, los que quieres transmitir, aunque sean sencillos y cotidianos, y no se centran en la inmediatez, que siempre es fugaz como la fama de tu estrella (¿te acuerdas?).
Al final lo único que quiero es que tengas en tus manos una carta que puedas guardar y releer de vez en cuando, y reírte de ti misma y de mí y sonreírte, y añorar con nostalgia el pasado, pero siempre mirando al futuro pero sin dejar de mirar a los lados para buscar buenos atajos (como aquella noche que nos perdimos por ese camino buscando un atajo para llegar antes que los demás y así prepararles un buen susto, al final los asustados fuimos nosotros y ellos los que nos encontraron. Coger atajos es arriesgado).
La vida nos sonríe y siempre lo hará (aunque en momentos puntuales tenga la cara agria), recuérdalo siempre, cuando leas esto y añores tiempos que se creen mejores. La gente como tú está condenada a ser feliz. No te resistas.
Mañana te llamo, claro que cuando recibas esto, ya lo habré hecho.
Muchísimos besos.
PD: Sigo escuchando el disco de Pink Floyd que me aconsejaste, me encanta, si te portas bien, la próxima vez que nos veamos te canto alguna de las canciones
Seguro que aún estás sorprendida por ver una carta mía en tu buzón, no me extraña, yo mismo estoy sorprendido de estar escribiéndola. Eso sí, espero que no te sorprenda ver una carta en tu buzón, sería una señal magnífica. Ya nadie escribe cartas, sólo Telefónica y el Círculo de lectores. Los buzones sólo nos traen malas noticias o información que no nos interesa, tal vez los grandes empresarios sean los últimos románticos que quedan, pero está claro que no es romanticismo el que queremos.
Tal vez sea por eso por lo que te escribo esto, para que en tu buzón haya de pronto algo más que una factura o publicidad (aunque deseo fervientemente que no sea así). Ayer estuve leyendo viejas cartas, TODAS las viejas cartas que tenía guardadas todas juntitas y llenas de polvo, y lo cierto es que no pude contener la emoción. Entre ellas había cartas tuyas, la mayoría, siempre te gustaron las cartas. Sin embargo yo no te mandé todas las que hubiera querido, supongo que estaba ocupado con mil historias. Con el tiempo te das cuenta de que las cosas importantes son cosas más sencillas, como una carta.
Se me hace raro escribirte así, hace apenas una hora he hablado contigo por teléfono y sé que te va bien, sé lo que pasó con tu padre hace nada y que ya está mejor, y ya te he podido decir lo mucho que me alegra. También te he oído reír, siempre te has reído con mis chistes, nunca lo he entendido pero siempre me ha encantado.
Igualmente sé que sabes como me va a mí, mantenemos el contacto, como los buenos amigos. Así que supongo que la cuestión es si esta carta es necesaria, para qué sirve o si tiene sentido. La verdad es que para mí lo tiene, y es que se ha perdido la buena costumbre de mandar cartas (y tú lo sabes bien, siempre mandando cartas y recibiendo nada como respuesta), pero no cartas para confirmar si se está bien o para contar los últimos avances de una vida, para eso están los móviles, siempre es mejor oírse y conversar; o los e-mails, tan cómodos y directos. Las cartas han perdido su valor comunicativo, yo creo que su valor es otro, es un valor pasional y posesivo, un valor mágico. En una carta puedes ver la letra de quien te la escribe, puedes ver como empieza con mucha energía, haciendo una caligrafía perfecta, y luego va acelerándose, entendiéndose todo un poco peor, y te sonríes. A veces hay dibujitos en los laterales, o varios colores, o frases y el papel es un cuadro de palabras y otras veces todo está alineado y con la misma cadencia, perfecto y cuidado. Y a veces hasta hay manchas de las lágrimas que se derramaron al escribir, y trozos de texto con la letra menos intensa, porque el bolígrafo se quedaba sin tinta.
Cuando recibes una carta recibes además un trozo de la otra persona, y puedes palpar el mismo papel que ésta ha palpado y a veces hasta hay restos de su olor, y guardas el sobre en un cajón (secreto) donde guardas todos los tesoros y relees todo a veces, y dejas que te invada la melancolía, y ríes con las cosas que te contaban y recuerdas, y también te emocionas. Antes, leías sus viejos estados de ánimo y te preguntabas como estaría ahora. Pero esas cosas ya no se cuentan, las cartas son melancolía pura. Son recuerdos, no son actualidad. Al final, las cartas tratan los temas importantes, los que quieres transmitir, aunque sean sencillos y cotidianos, y no se centran en la inmediatez, que siempre es fugaz como la fama de tu estrella (¿te acuerdas?).
Al final lo único que quiero es que tengas en tus manos una carta que puedas guardar y releer de vez en cuando, y reírte de ti misma y de mí y sonreírte, y añorar con nostalgia el pasado, pero siempre mirando al futuro pero sin dejar de mirar a los lados para buscar buenos atajos (como aquella noche que nos perdimos por ese camino buscando un atajo para llegar antes que los demás y así prepararles un buen susto, al final los asustados fuimos nosotros y ellos los que nos encontraron. Coger atajos es arriesgado).
La vida nos sonríe y siempre lo hará (aunque en momentos puntuales tenga la cara agria), recuérdalo siempre, cuando leas esto y añores tiempos que se creen mejores. La gente como tú está condenada a ser feliz. No te resistas.
Mañana te llamo, claro que cuando recibas esto, ya lo habré hecho.
Muchísimos besos.
PD: Sigo escuchando el disco de Pink Floyd que me aconsejaste, me encanta, si te portas bien, la próxima vez que nos veamos te canto alguna de las canciones
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