06 abril 2007

Carta de amor invernal

Saludos desde la penetrante distancia.

Aquí todo lo que hay es frío, excepto las infusiones bien calentitas y bien ricas. A la calle hay que salir cubierto por cuatro capas de ropa mínimo. Y me paso el día pegado a la estufa. El frío no se hizo para mí.

Entre tembleque y tembleque me da algo de tiempo de escribir y tocar la guitarra. Es paradójico, pero con tanta frialdad alrededor se agudiza mi inspiración. Las melodías y los versos me vienen hechos en cuanto veo nevar tras el cristal de la ventana. Tal vez mi musa sea el frío, el invierno, la nieve, o todo a la vez. No lo sé, tal vez mi musa sea la soledad, o tal vez la musa sea tu recuerdo. Realmente no tengo claro porqué, tal vez sea una combinación de todo. Prometo mandarte pronto algo, para que me pongas a parir, para que me bajes de la nube a la realidad, y ojalá que también para que me halagues un poquito y yo pueda flotar entre tus palabras de reconocimiento.

La soledad aquí es distinta. Allí, en España, la soledad es pesada, triste, y casi siempre va unida al silencio, ya sea interior o exterior. La soledad se relaciona con estar solo. Aquí no. Aquí cuando estas solo te invade la paz, es todo más tranquilo, más reposado. Y sin embargo nadie llega tarde. Es curioso. Mi soledad en este sitio no se debe a que no tenga nadie con quien hablar, se debe a que no estas tú. Faltas. Y se nota. El vacío que provoca tu ausencia es tan inmenso que me ahoga sólo la idea de plantearmelo. Pero no quiero con esto hacerte sentir mal por mí, yó fui quien decidí ir aquí, yo decidí este camino. Ahora paladeo el sabor de ciertas consecuencias. Sabía lo que me pasaría. Pero creo que nunca llegué a ser consciente de ello. La realidad siempre es más dura.

Me encantaría que me visitases algún día. No por hacer turismo, no por conocer nuevos horizontes, sé que esto no te gustaría. Sólo porque te necesito. Sé que es egoísta, sé que probablemente ya estes retomando tu vida, por tanto, espero que entiendas que no es una orden, ni una súplica, tan sólo una petición, un favor, si quieres. Te necesito aquí. Necesito saber que sentiré si vuelvo a verte, necesito sentir el calor de un abrazo (calor, añorado calor), una mirada conocida, tal vez sólo oir un poco de español. La adaptación es dura. Siento que me estoy convirtiendo en una nueva especie, antes era un español rodeado de sol y de cachondeo, y ahora soy un nórdico rodeado de frío y seriedad. Estoy mutando.

Tengo la sensación de que escribo incoherentemente. No sé porqué decidí enfrentarme al papel, y escribirte. Añorarte, verte, tocarte. Y es que siento que te estoy tocando con esta tinta. Espero no hacer daño con esto, no estoy escribiendo pensando en las consecuencias de esto, siempre he sido un poco inconsciente, ya lo sabes. La visceralidad a veces trae besos y a veces llantos.

Tendría mil cosas más que decirte, pero siento que si sigo escribiendo sólo voy a divagar alrededor de mi propio ego.

Espero que todo vaya bien por el sur. Aquí tus recuerdos revolotean por la habitación, y hoy decidí cazarlos y acurrucarlos. Espero que sepas perdonarme.

Un beso enorme y caloroso, muy caluroso.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Merecerías todo el calor de los besos.

pcbcarp dijo...

Aprovecha, colega. Todo llegará.

Löla dijo...

Vale, esto me recuerda a alguien.. :(
La soledad es lo que tiene, te obliga a hacer una criba entre personas contingentes y no, y para tu alegría o tu decepción siempre salen a flote las personas que se dejan ver menos.
Un besillo

SiL dijo...

Mencanta...
(y mencantas ^^)

Iréz dijo...

La soledad nunca viene sola. Siempre viene con mil recuerdos, mil caricias olvidadas(y no tan olvidadas), mil olores que te recuerdan a lo que antes no llamabas soledad. Y a veces esa soledad te hace darte cuenta de cuanto echas en falta personas, que vacío tienes... Así que siempre vienen bien los mil calores con los mil besos, y el frío de la nieve viendola por el cristal.

Aun así, esto a mi también me recuerda a alguien. Aunque alomejor a ese alguien lo he soñado. Mi no saber