13 julio 2008

Frozen en el imperio Galo (III): La vuelta

Capitulo 1.
Capitulo 2.

A la mañana siguiente nos levantamos tranquilamente, comprobamos que se ha soltado una de las cuerdas que sujetaba nuestra tienda, definitivamente hacía mucho viento en Arras. Y también comprobamos que hace un frío exageradísimo fuera y que llueve con bastante intensidad (y yo en manga corta). Recogemos y guardamos la tienda con la ayuda de dos chicas que tenían una igual (porque nosotros no habríamos sabido) y a comprar algo de comer y luego a la estación. Nos sobra hora y media en la estación así que nos sentamos y nos dedicamos a comer. Poco después aparecen las chicas que nos ayudaron y nos dicen que si podemos cuidarles sus maletas y Jose y yo nos miramos un poco sorprendidos por ese arrebato de confianza en nosotros. Y aceptamos, por supuesto.

Hora y media después cogemos el tren a Amiens, y una vez allí disponemos de otra hora hasta el siguiente tren, así que decidimos dar una vuelta por Amiens. Y tras adentrarnos un poco, ¡sorpresa!, una catedral majestuosa. Y es ahí cuando nos acordamos los dos de nuestros libros de historia y de esa catedral, que nos habíamos encontrado de casualidad. Entramos, por supuesto. Sencillamente majestuosa.

Una vez salimos de Amiens para Creil seguimos sorprendiéndonos de la suerte que estamos teniendo todo el viaje. Una vez en Creil nos subimos al siguiente tren, el último, el que nos llevará a Beauvais, que parece que sale 10 minutos tarde. 20 minutos después empezamos a preocuparnos y preguntamos a la gente, parecer ser que se ha retrasado de manera indefinida. Mientras tanto yo había observado que el viaje de 3 horas de Beauvais a Arras era de 4 horas de Arras a Beauvais, por lo que nuestro margen no era tan grande. Y el tren seguía retrasándose y nosotros nos ponemos cada vez más nerviosos. Preguntamos a uno de los encargados y nos dice que hay un tren averiado en mitad de la vía que deberíamos usar para irnos, por lo que el retraso es indefinido (y va para largo). Así que nos enteramos de casualidad que podemos coger otro tren para ir hasta otra ciudad más lejana, y desde ahí coger el tren hasta Beauvais. Llegaríamos justos... muy justos. Lo cogemos, por supuesto, y allí se empapan de nuestra preocupación una pareja de franceses de unos 50 años, el señor y la señora Rey. Se encargan de llamar a un taxi para que nos espere en la estación de autobuses para salir corriendo a coger el avión, una vez en la estación llaman al aeropuerto para decir que llegamos tarde y en ultima instancia, nos dan sus números de teléfono por si tuviéramos que quedarnos en su casa en caso de perder el avión. Apenas sabemos como darles las gracias.

Una vez llegamos a Beauvais cogemos el taxi y vamos directos al aeropuerto, y una vez allí me encuentro al hombre que esta en facturación yéndose, faltan 30 minutos para que salga el avión, le pregunto si estamos a tiempo de embarcar, me dice que no, le pregunto si no hay ninguna posibilidad, le suplico. No hay nada que hacer.

Media hora de depresión.

Voy a comprarme una tarjeta de teléfono para hacer unas llamadas desde la cabina y ahí me encuentro de casualidad con dos pijos españoles a los que les sobran dos entradas para Madrid al día siguiente. Me dicen que les han dicho que no hay problema con el tema de los nombres... cosa altamente dudable, así que vamos a preguntar a Ryanair, y efectivamente, estaban intentando colarnos la. Así que no nos queda otra que comprar los billetes para el día siguiente, que con descuentos por perder el anterior nos sale por 75 euros cada uno. Hay que pagar con tarjeta, y no tenemos. La dependienta acepta que le demos el dinero exacto en metálico y que paga el billete con su propia tarjeta. Tampoco sabemos como agradecérselo.

Decidimos llamar al señor Rey, ya que no nos queda otra opción (los chicos pijos nos dijeron que no habían encontrado albergues libres para esa noche) y nos dice que en tres cuartos de hora nos recoge. Salimos a la calle a esperar y allí conocemos a Vincent, un francés que se va la mañana siguiente a Roma. Mientras todo esto ocurría por la megafonía del aeropuerto se había estado pidiendo repetidamente y cada vez más histéricamente al dueño de una maleta negra abandonada que fuera a recogerla. Nadie la reclamó, por lo que 20 minutos después evacuan el aeropuerto porque la maleta podría ser una bomba y nos mandan a todos a un recinto cerrado un poco alejado del aeropuerto y yo pienso en el señor Rey, aunque estoy seguro de que no le dejarán pasar (no tiene sentido que dejen pasar coches hacia un aeropuerto con una posible bomba en su interior).

Una vez en el bunker ese descubrimos que Vincent también había estado en el mismo festival que nosotros y empezamos a hablar de música sin parar hasta que mucho tiempo después aparece el señor Rey, el cual sorprendentemente había podido pasar y llevaba una hora buscándonos. Nos pregunta si queríamos ir con él o quedarnos ahí, y viendo su cara, observo que no le viene bien acogernos esa noche y el pobre hombre ya había hecho demasiado por nosotros, así que le digo que no se preocupe y le doy las gracias y mi teléfono por si alguna vez necesitase mi ayuda.

Poco después también se une al grupo Daniel, un americano que coge al día siguiente avión a Glasgow y que también ha estado en el Main Square Festival. Nos ofreció algo de pan duro que había encontrado por ahí, parece que realmente gastaba todos sus ahorros en los aviones. Luego se lo desayunó él mismo.

Finalmente, cuando la supuesta bomba quedó fuera de peligro, nos echaron y (como el aeropuerto es pequeño, cierra por las noches) buscamos un cesped en el cual montar la tienda de campaña y donde no se nos viera mucho y dormimos los cuatro dentro de ella.

Finalmente cogimos el avión de vuelta sin problemas y llegamos menos cansados de lo esperado a Madrid. Al día siguiente, yo me fui al pueblo.

5 comentarios:

Palbo dijo...

El discípulo estaba ocupado mezclando diferentes tipos de yerbas.

-¿Para qué mezclás la yerba? -preguntó el maestro.

-Porque no quiero acostumbrarme al gusto de ninguna -respondió el discípulo.

-¿Y cómo vas a hacer para no acostumbrarte al gusto de la mezcla?

El discípulo se iluminó.

Iréz dijo...

:)

Pedazo viaje.

Robert dijo...

Joer...me parece que voy a dejar de explicar nuestro viaje a Flandes que visto lo visto, lo mío no tiene emoción, porque vamos, unas gafas en un canal no tiene tanta gracia como perder el avión por unos segundos y tener que dormir en una tienda de campaña al lado de un aeropuerto perdido de la mano de Dios...

Miguel dijo...

Me acabo de leer los tres capítulos y me alegro de que (casi) todo te saliese bien. Muy épico el retorno y supongo que muy bonita experiencia la del señor Rey y muy grande la empatía que se crea entre los desamparados.

Un abrazo.

Löla dijo...

la tienda de cañpaña que no podias cerrar no seria la de 2 segundos de decathlon no?
Porque yo tuve que pedir ayuda también para cerrarla.
Cuelga las fotillos y danos envidia.
Un besillo